Sí tuviera un ranking de preguntas recibidas a lo largo de mis 14 años de vida profesional, esta pregunta sería una de las que ocuparía uno de los puestos de honor, y aunque pueda sonar, al hablar de hijos/as, que nos referimos a los niños pequeños, vale también para adolescentes y adultos.
Sin embargo, en este escrito me voy a ceñir a la infancia, que es la base y cimientos de la educación y formación de la personalidad de cualquier persona.
“¿Lo cojo cuando llora o lo dejo en la cuna?”, “¿es bueno que duerma en nuestra cama?, “¿qué hago cuando tiene rabietas?, “¿es bueno que haga las cosas solo o es mejor que le ayude?”, “¿qué hago para que sea resolutivo e independiente?”…
Es curioso, pero en los últimos años han salido varias corrientes muy dispares y diferentes sobre la educación o el trato con nuestros hijos/as desde que son pequeños. Varios profesionales de diferentes ámbitos e incluso programas con mucha audiencia como “Supernany” o “Hermano mayor”, han estado rondando con fuerza nuestras televisiones, redes sociales y libros.
¿Por qué?. Yo que siempre he sido de más causalidades que de casualidades, me he planteado esta pregunta muchas veces, y creo haber llegado a algunas conclusiones que comparto con vosotros.
La educación de nuestros hijos nunca ha sido tarea fácil. Tradicionalmente siempre fueron las mamas las que se encargaban la mayor parte del tiempo de esta ardua actividad. Sin embargo, en los tiempos que estamos, la cosa ha cambiado mucho en cada casa. Lo normal es que ambos progenitores tengan que trabajar, y sí tienen la suerte de tenerlos, aparecen otros agentes que antes no tenían un papel tan relevante como son los abuelos, tíos, canguros o muchas horas de colegio y actividades extraescolares…
Esto no es ni bueno ni malo, dependiendo de cada caso se podría analizar de diferente manera, pero sí que es muy muy difícil poner unas bases entre tanto agente, con respecto a la educación de cada niño, sin olvidar, que esa base de la educación la debemos poner los progenitores como primeros agentes socializadores.
Todo lo que nos rodea desde que nacemos influye en nuestra forma de ser y más en concreto en nuestra personalidad. Según la Teoría Biopsicosocial, desde lo que heredamos, hasta lo que aprendemos, vivimos y experimentamos en nuestro desarrollo vital, nos hace ser quienes somos.
Lo que ya hemos hablado como introducción al tema que nos ocupa hoy, se une a una evidencia, y es que hay algo que no está funcionando bien. Acoso, machismo, violencia, falta de valores, desorientación, falta de resolución, frustración, ansiedad, depresión… inunda nuestro día a día como una plaga imparable.
Algo estamos haciendo mal, y sería bueno empezar por una autocrítica, ver en qué podemos cambiar nosotros mismos, en qué fallamos y qué aspectos de nuestra personalidad debemos equilibrar.
¿Y esto que tiene que ver con nuestros hijos? TODO. Cierto que todo lo explicado anteriormente influye, pero nosotros (sus padres) somos los primeros en aparecer, y somos los que con más continuidad vamos a acompañarlos en toda su vida, siempre, y en la infancia más. Seremos para ellos un paradigma a seguir, tanto consciente como inconscientemente.
Cuando tengo a padres preocupados por algo que le pasa a su hijo/a, y vienen a verme, la primera consulta es solo con ellos, no veo al hijo/a. He calculado que casi un 30% de estos casos, no ha sido necesario ver al niño en cuestión, solo hablando con los progenitores y enseñándole algún aspecto fundamental, ellos mismos han sabido enderezar la situación sin ningún inconveniente.
Ni muchísimo menos mi intención es que nadie se sienta culpable. Tenemos el derecho de equivocarnos y la capacidad de pararnos, analizar la situación, ser autocríticos y poner solución a cualquier problema que surja.
Algo que no puedo dejar pasar es que no valen las soluciones sui generis. Cuando intentamos ayudar a una familia que viene con algún problema filial, no solo debemos pensar en el niño, aun siendo protagonista, sino que debemos analizar la situación de cada familia, para elegir la mejor opción posible, observar las causas y qué consecuencias tiene cada intervención. No todo vale para todo el mundo.
En general, debemos dar todo el cariño que nos apetezca a nuestros hijos/as, que ellos sepan que siempre estamos y estaremos ahí, abrazarlos, besarlos y cuidarlos como se merecen. Todo esto sin olvidar que les debemos decir NO, que tienen que ir siendo lo más autónomos, independientes y resolutivos posibles, que existen normas en la sociedad que vivimos y que tienen plena libertad para expresar sus propias emociones sin miedo y con asertividad. Debemos darle la oportunidad de que lo aprendan por ellos mismos de forma progresiva. Y nuestro papel es muy relevante.
Esto es una balanza que debe estar siempre equilibrada. Nos ahorrará muchos problemas en el futuro.
Dos consejos para cuando nos vengan dudas de cómo actuar con ellos:
“El camino más cómodo para nosotros no suele ser el mejor camino para ellos”
“Tu paciencia de hoy, será tu tiempo de mañana”.
Rafael Ruiz Castillo.
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