¿Te han preguntado alguna vez si tienes miedo a algo?. Seguramente que sí. Todo el mundo tiene miedo. Por eso, ahorremos tiempo y hagamos la pregunta correcta; ¿a qué tienes miedo?.
El miedo es una emoción básica que ocupa gran parte de nuestro cerebro emocional, más en concreto del sistema límbico y la amígdala. Es tan intrínseco y forma parte de nuestro día a día, que ya existen muchas investigaciones científicas, que orientan a que existen muchas posibilidades de que lo heredemos, es decir, que lo llevemos en nuestro código genético.
Sí lo pensamos fríamente es muy probable, incluso sí me apuran de sentido común.
Imaginemos, hace millones de años, a un hombre de la prehistoria preparado para salir a cazar con su tribu. Una necesidad ineludible para poder sobrevivir. Seguro que dentro de ese mismo grupo tenían algo en común, el miedo. Miedo a no sobrevivir, miedo a no cazar y a sus consecuencias, miedo a que alguno sufra alguna lesión, miedo a que no salgan las cosas según lo planeado…
Lo mismo que todos sentían ese miedo en mayor o menor medida, todos tenían una forma de reaccionar ante él de manera consciente o inconsciente. Y la reacción ante el miedo solo tiene dos caminos: huir (que se puede hacer de mil maneras, somos muy “habilidosos” en esto) o afrontarlo (que también se puede hacer de diferentes maneras).
Volvamos al presente. Mi percepción es que hay muchas personas que no solo no saben cómo afrontar el miedo y eligen huir, sino que sucede algo mucho peor, y es que no quieren ni sentirlo, es decir, quieren evitarlo. Algo que como hemos visto anteriormente es totalmente imposible ya que está con nosotros. El simple hecho de querer evitarlo, genera sentimientos de tensión, frustración y ansiedad. Así que el primer paso, sería ser conscientes de que el miedo nos acompaña, y que como veremos más adelante, no tiene por qué ser nuestro enemigo, sino que sí lo gestionamos bien, debiera ser nuestro motor de arranque para muchas cosas.
Y aquí os preguntaréis pero ¿cómo va a ser bueno el miedo?.
El miedo es el sistema de alerta que tiene nuestro cuerpo para mantenernos vivos y para prevenirnos de situaciones que nos puedan hacer daño. La herramienta utilizada para ello, suele ser la ansiedad (que ya hablaremos otro día de esta “amiga”).
Pongo algunos ejemplos simples y clarificadores:
- Tenemos miedo a que nos pueda atropellar un coche, por eso la ansiedad me mantiene en alerta, y me hace mirar antes de cruzar.
- Tenemos miedo a poder tener un accidente cuando estamos conduciendo, por eso mi ansiedad me mantiene en alerta, y me hace mirar los espejos, peatones y otros coches que me rodean.
- Tenemos miedo a perder alguna información en una clase que me interesa muchísimo, por eso mi ansiedad me mantiene atento para escuchar de manera activa y no perder ninguna información.
- Tenemos miedo a que nos quiten el móvil o el bolso, mientras mantenemos una conversación con alguien en una cafetería, por eso mi ansiedad me mantiene vigilante durante la situación.
Estas situaciones del día a día, se complican en el momento en el que incluimos en la ecuación un elemento más, que es el desarrollo personal de cada uno. Las experiencias y aprendizajes que tenemos (sobre todo las malas) hacen que nos pongamos defensas y muros enormes para no volver a pasarlo mal.
Diariamente percibo miedo a muchas cosas muy dispares, sin embargo sí tuviera que hacer un ranking de los miedos más comunes e intensos al mismo tiempo serían (muchos de ellos están relacionados):
- Miedo al rechazo y al qué dirán.
- Miedo a fracasar.
- Miedo a tomar decisiones.
- Miedo al conflicto.
- Miedo a la incertidumbre.
- Miedo a uno mismo.
Entonces ¿qué debemos hacer?:
- Como siempre cuando hablamos de emociones es esencial no luchar por no sentirlas o huir de ellas. Esto es poco más o menos que “ponerle puertas al campo”.
- Ser consciente de que el miedo forma parte del día a día, que es natural y que nos puede afectar en mayor o menor medida dependiendo de nuestra elección, sí huir o afrontarlo.
- Lo suyo sería pensar que el miedo es el motor que te ayuda a arrancar para poder afrontarlo.
- Sigue los pasos que hemos hablado en otros artículos:
- ¿Qué siento?
- ¿Por qué lo siento?
- ¿Qué voy a hacer?
- No permitas que dure mucho más tiempo de lo que debería. Pon solución lo antes posible.
“La inacción cultiva el miedo. La acción cultiva la confianza y el valor. Si usted quiere conquistar el miedo, no se quede sentado en la casa pensando sobre este. Salga y ocúpese”. Dale Carnegie.
LECTURA RECOMENDADA: “El miedo a la libertad” de Erich Fromm, escritor y psicólogo social, psicoanalista y humanista.
Rafael Ruiz Castillo
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