Cuando mi Community Manager, a la vez que amiga, me insistió en que mis primeros escritos debían transmitir los principales objetivos que buscamos en este Blog y también el porqué, mi cabeza, que dicho sea de paso no necesita mucho para ser estimulada, empezó a dar vueltas sobre varios temas a tratar, en los cuales se hable de emociones, de aprendizaje y de relaciones sociales entre otras cosas.

En un breve espacio de tiempo lo tuve claro. En este primer post quiero escribir de algo que veo diariamente tanto a nivel profesional como a nivel personal. El WhatsApp y sus efectos en el ser humano. Más en concreto una relación causa-efecto entre la gestión de las emociones y las relaciones sociales.

Para empezar daremos un paseo por la realidad del WhatsApp en nuestra sociedad. Esta herramienta de mensajería instantánea es la más usada, con diferencia, a nivel mundial. Fundamentalmente por dos razones evidentes. La primera es que es gratuita (poco hay que añadir a esto ¿no?) y la segunda es que es una comunicación “in situ”, en el momento, instantánea…YA. Este último punto aunque no lo crean, es igual de importante que la gratuidad de la aplicación. ¿Por qué? Porque en el siglo XXI queremos las cosas “ya”, no hay tiempo que esperar, no hay tiempo que perder, lo quiero ya, quiero decírtelo ya y sobretodo, quiero una respuesta ya. ¿La prueba? Los niveles de ansiedad que aumentaron en más de uno cuando WhatsApp puso unos “clics azules” que significaba que el receptor del mensaje ya había leído el mensaje… Ohhhhhh!!!!!!!! Horrorrrrrrrr!!!!!!!!!!!!!!!

La Universidad de Navarra hizo una investigación científica que denominó “El impacto de WhatsApp en la vida cotidiana de las personas. ¿Hace la sociedad más humana”?(2015),  que recomiendo para su lectura: http://bit.ly/29k3KHk.

En esta investigación hacían tres preguntas esenciales para la naturaleza y esencia de la comunicación humana, entre ellas ¿crees que el Whatssap hace que surjan malos entendidos?. Como espero que lo leáis, no adelanto más cosas, solo que evidencia que esta herramienta no es el mejor método de comunicación interpersonal.

Me centro en lo mío. ¿Y qué pasa con las emociones?. Empiezo por unos comentarios y frases a ver si os suenan… “va, y me lo dice por Whatssap”, “me dejó por Whatssap”, “estuvimos discutiendo por Whatssap, “me despidieron por Whatssap”, “me enteré por Whatssap”…

Nuestro amigo Daniel Goleman (http://www.danielgoleman.info/) ya dejó claro que la gestión de las emociones y, en concreto, expresarlas es de vital importancia para el ser humano y para su relación con los demás. Pero la verdad es que no es fácil. Requiere entrenamiento y herramientas para poder hacerlo adecuadamente y no dejarse llevar por inseguridades y miedos como el qué dirán, qué pensarán,  miedo al rechazo o simplemente al posible conflicto que pueda surgir.

Pues ya ha venido WhatsApp u otras herramientas de mensajería instantánea para “arreglarnos el problema”.

Ya podemos enfadarnos, gritar, alegrarnos, entristecernos por WhatsApp, resolver conflictos (o por lo menos intentarlo), decirle a alguien lo que pienso de él (sea bueno o malo), proponer cosas tan íntimas como relaciones personales e incluso sexo.

Con este panorama ¿estamos aprendiendo a resolver conflictos adecuadamente?, ¿tenemos unas relaciones sociales sanas y naturales?, ¿afrontamos nuestros posibles miedos e inseguridades?,  ¿evitamos malos entendidos?…

La respuesta en mi opinión está clara, NO. Nos escondemos detrás del WhatsApp. Nos da miedo decir todo esto a la cara, en persona, por todos los miedos e inseguridades de las que hemos hablado anteriormente.

Tenemos que pensar que hay que hacer todo lo contrario para superar esos miedos y mejorar nuestras relaciones sociales. Nada debe sustituir el tono y el timbre de voz de una persona, una mirada, la comunicación gestual, ver la actitud de la persona con la que hablamos, sí escucha activamente, sí empatiza, qué estado de ánimo tiene en cada momento…

El WhatsApp es genial para decir “nos vemos en tal sitio”, “si”, “no”, “a las 10 tenemos reunión”… Pero cualquier conversación que pase de dos minutos contados, merece la pena, como mínimo, una llamada telefónica. Nada como un “face to face”, sobre todo sí el tema de conversación y la otra persona son importantes.

Tener estas nociones en cuenta, nos ayudará a mejorar nuestra comunicación con los demás y por tanto nuestras relaciones, así como a afrontar algún “miedito” que tengamos por ahí escondido.

Míralo de esta manera:

La mayoría de las emociones son tan importantes y trepidantes que es una pena transmitirlas  sin ver la cara del que te escucha. Es uno de los presentes que nos da esta vida. No te lo pierdas.

Rafael Ruiz Castillo

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